jueves, 13 de septiembre de 2012

SOBRE CRONOPIOS, FAMAS Y ESPERANZAS

                                    A Julio Cortázar

Imagino  aves charlatanas que, mudas hoy,
vagan en la oscuridad  de cada tarde
hacia una puesta de sol imaginada.
Y ellas son mis palabras,
ausentes, silenciosas, indigentes
de  una luz que no me catequiza,
aunque  mi memoria hostigue incansable
el rastro del rumor verde,  primitivo,
de las hojas frescas tras la lluvia
y la hiel amarga tan codiciada
de esos frutos incipientes,
que  impúber sustraía de los huertos.
Reaparecen anónimos los sabores
de antaño. Y no hallo pigmentos familiares
en los rubores teñidos de mi vieja cimbra.

No quedan vestigios de aquellos cronopios,
desordenados e ingenuos. Desertaron
el verdor y la humedad  y los bosquejos
de mi vida han quedado amojonados
dentro de infranqueables aristas
que amalgaman mi savia con recias
y silenciosas treguas, como
                    famas 
y me amigan a esperanzas indolentes
cual estatuas.

Y ya no hay pasos que desandar. Mis blasones
se han quebrado como piedras
lanzadas al vacío desde una cúspide infinita.

© Juana Fuentes



miércoles, 1 de agosto de 2012

EL ALMA CONVEXA


Los acasos, el por qué de las preguntas.
Y las respuestas que desertan.
El albor tras la sombra umbrosa,
la noche enterrada en  esperas que demoran.
Del alma, su arista gibosa, por cuyo lecho abultado
resbala una  imagen que a cada instante retoña.

Y esta piel, que acostumbrada abre sus ojos
a frágiles reclamos de signos ilusorios
y yerra indagando la huella de manos
que no existieron. Que no tocaron.
Viejo y cansado retrato de labios ajados
que en vano suplican agua que estaña sus simas.

 Veo un espectro agrietado, seccionado, que
persigue  soldar sus cascajos desaguados,
consciente de que los fragmentos adheridos
de una instantánea deshecha
nunca le devolverán su imagen primera.

Juana Fuentes ©


jueves, 12 de julio de 2012

UN SUEÑO


Mentiras silenciosas
anegan la tierra estéril
de ese sueño que tiempo atrás
soñé despierta.
Y hoy, dormida, el mismo sueño,
un apacible espejismo
que  me devuelve tu imagen,
cobijada en la orilla de mi vida.

Con su prematura claridad
la luz me sacude,
me retorna al tránsito cotidiano
de la espera de las horas.
Para alcanzar la noche, cuando
en la oscuridad de la súplica,
y ya adormecida, atisbaré nuevamente
la resurrección de mi memoria.

Porque  nunca fue mejor sueño
el que la voluntad deliberada impuso,
sino aquél que inconscientemente
nos entrega la huella
                      de nuestros  recuerdos.
© Juana Fuentes G


jueves, 21 de junio de 2012

QUEDARSE


Decidme: en qué preciso instante
algo vino a quebrar esta existencia,
tornada hoy en doblado trance
por tantos días henchidos de faltas,
de errados pasos que fueron de otros,
de aguados, insustanciales vinos.
Para no volver a ser la misma gesta.

La mirada de una madre, la congoja
ante el dolor de otras entrañas,
que no es sino el propio dolor.
El único latido que viste de blanco
las débiles hebras de savia
de estos manantiales áridos,
en los que el agua que fluye
ya no es agua. Y ya casi no hay vida.

Y quedarse: esperar un acaso que
venga de nuevo a quebrantar, esta vez,
el lento suceder  de las horas oscuras.

Juana Fuentes ©


viernes, 8 de junio de 2012

SIN TI



Me quedé varada
en el compás de aquellos versos embozados
en un manto espeso y metálico, abrigo
de palabras  presentidas entre renglones de ceniza.
Ellos prendieron la oscuridad  peculiar
que desde entonces ya nunca me abandona: 
la escisión interminable con el ser-que-soy.

Después quedaron mudas  las voces.
Y quedó también así muda la esperanza.

Y ahora, un único sostén: el afán
de que algo hienda esta sucesión
lenta e interminable de los días:
de un día y otro día:
de una noche y otra noche más.
Tal vez el gorjeo a deshora 
de ese pájaro apostado en el árbol centenario
que aún arrecia bajo mi ventana;
el destello de una generosa casualidad;
o la llegada de ese día en que las palabras
se evidencien consentidas,
prestas a salir de su cobijo silencioso.

No me atrevo, sin ti, a buscarme
en lugares en los que sería una extraña
a los ojos inconmovibles de testigos de piedra.

© Juana Fuentes


lunes, 28 de mayo de 2012

DUELOS MUDOS






















Hoy  mis ropajes
me improvisan extraña
a los ojos domados
de un alba cualquiera.

El silencio todo lo prende.
Mientras, las sombras me habitan aquietadas.

Avanzo a la deriva
con mi compás partido,
puntual acude el ocaso a la cita.
Y me cautiva,
son desmedidas
sus alas;
su resaca despoblada  me arrastra
a través de largos pasillos
atezados, en los que no se intuyen
puertas delineadas.

Las heridas se ulceran
hoy con el cáliz bilioso de los duelos mudos.

Y no hay más vida: oigo
voces afónicas que deciden no inquietar
mis abrumados, aunque inexistentes
pasos, en este trayecto que me precipita
hacia la nada.

© Juana Fuentes 

lunes, 14 de mayo de 2012

LA ORILLA DE OTRAS NADAS


Desde el filo de esta bruma
que a mi nada conforme
me destierra, me invita,
aún lejana, una luz que
se obstina en arrastrarme
a la orilla remota de otras nadas.

Pero es dilatado el húmedo trecho
que aleja ambos costados.
Y no existen puentes que
allanen el  camino de un modo
apacible y confiado. Es preciso
hundir los pies despojados
en el manto frío de sus aguas
y transitar sobre un infecundo lecho
hastiado de limo y guijarros.

La claridad insiste
con el albor de lo que
me es desconocido,
incluso proscrito, y
me embriaga con un aroma
fingido que casi me atrapa
en la deformidad
de su excéntrica llamada.
¿A qué Olimpo desea  conducirme
esa luz que oculta la promesa
de una oscuridad cierta en
el piélago de otra ausencia?

Me aquieta una brisa fría. Es el miedo,
que, indiferente, me reintegra a  mi yo constante.

Juana Fuentes ©